Saturday, November 08, 2008

Los muertos de mi felicidad

La verdad es que una de las letras que me han puesto a reflexionar más es: "Y espero que me disculpen, por este día, los muertos de mi felicidad"...

Me acabo de recordar de estas lineas cuando andaba por la Nuñez en carro público que decidió esquivar el tapón entrando por una calle alternativa y entorpeciendo el transito de una intersección, comentando sobre los "talibanes" que quedaron detrás.

Ocurriendome eso, solo pensé en esa canción; quizás sea un caso extremo, pero hay tantas otras situaciones, hasta sutiles, en las que uno, buscando su propia felicidad, termina perjudicando a algún otro, las miles de situaciones en el amor, cuando durante el proceso de maduración y auto-descubrimiento uno se sostiene de alguna pareja, para encontrar su propio valor, mediante preguntas, comentarios y en general adquirir retro-alimentación. Cosa que entiendo es normal, en especial durante la pubertad o los primeros amores, y quizás a lo que se refería el el cantante, cuando (según me quiero imaginar) le pide perdón a pasadas amantes por su nueva felicidad

En fin, la moraleja es que hay ciertas magnitudes que permanecen constante cuando se realizan acciones, incluso entre los seres humanos y su ambiente. El que da: pierde, y el que coge: quita. Pero la naturaleza en su infinita experiencia, nos ha dotado, como las criaturas sociales que somos, con mecanismos biológicos para recibir satisfacción al ofrecer algo o a cooperar y medimos nuestro propio valor principalmente en función al valor que nos dan los demás. Un detalle crítico para la sobrevivencia en grupo que exhiben casi todos los animales no solitarios.

Que pasa entonces con esa linea; pedirle perdón a los muertos de nuestra felicidad? Es precisamente la encarnación del conflicto existente entre el auto-sacrificio y el instinto de sobrevivencia. Planteado de una manera tan ligera que nos hace ver lo imposible de, incluso viviendo una vida solamente para los demás, ayudar a alguien sin nunca perjudicar a otro.

Entonces, cuando leemos sobre momentos inspiracionales como el del taxista que paseó a la señora mayor, y no encontramos (quizás inconscientemente) a ningún perjudicado, o bien sentimos la magnitud del bien realizado a través de un simple gesto, que quedamos asombrados sobre la maximización del esfuerzo y nos preguntamos que hubiera pasado si el taxista no acompaña a la señora en sus memorias?

... continuará en la próxima nota.

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