Monday, November 20, 2006

poema 44

El viajero anda por la vida, la recoge,
en el cáliz de su vida
con el único deseo de saborearla.
O derramarla, dejándola escapar solo para espiarla
deleitado con sus piruetas.

Desposeído de todo, habita solo el tiempo.
Construye su hogar bajo su sombra;
sabe que sin importar lo largo de su ausencia
ahí siempre podrá reposar su espalda.

Temiendo descubrir que carga algún ancla,
el viajero escoge quizás una sola posesión,
alguna mochila que es de él y huele a él
que a veces lo contiene a él
o por lo menos a su canción.
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