Monday, November 20, 2006

poema 22

Mañana tropecé con mi corazón que encontré había caído ignorado, descartado. Ahí dolorido recordaba. Indagaba por qué y llegé a tu lado. Le juré mi amor al viento entre tu espalda y mis labios, y entregué desde entonces mi destino, al mismo vendaval. Él lleva mi amor en violentas piruetas, que regañas y con medio aliento lo soplas: un inútil cefiro. Que es mi desdén: las leguas que navega, sin acariciar tus labios, en este remolino que no encuentra más que hundirme, buscando tus alturas. Hoy náufrago no hallo más que escribirte estas letras: Fue mañana que tropecé, y aunque hoy lo he aprendido seguiré mi rumbo y sufriré la tormenta. Tan solo por la esperanza de inhalar tu aroma cuando me arrebates el viento, y la ilusíón de mi voz conquistar tu mirada para olvidar cada lágrima que lloraré.
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